No todo puede ser memorable

No todo puede ser memorable

Sigo con la traducción del panfleto  de Jonathan F. Goodwait “Against all, now. The only decent answer”

Llegando ya al final del libro en el capítulo titulado “I just want a fucking coffee” el autor la emprende con los servicios al cliente que pretenden que tengas una experiencia “Única”. Cuenta que sólo una vez entro en un Starbucks y que tuvo un pequeño incidente con la persona que servía por no querer dar su nombre, se ve que el camarero insistió y él se negó dos veces, a la tercera y ante la “Joker sonrisa” del camarero Jonathan dijo que su nombre era :”Adolf Hitler”. El camarero de apellido Weinstein (cuenta más adelante que al recibir la demanda  supo  el apellido y que el camarero era judío, pero afirma que no podía sospecharlo, a pesar de la nariz ganchuda). El incidente del café queda a medias y parece que por consejo de su abogado no da más detalles de como acabó y sólo al final de pasada cita el tema de la demanda cuando recupera el argumento de la “excepcionalidad constante”. El estilo es muy caótico y voy a intentar hacer un resumen inteligible:

La teoría de la “excepcionalidad constante” dice que el ser humano no podría sobrevivir en un entorno constante de experiencias memorables, que una cosa así simplemente le quemaría el cerebro y que para que haya cosas memorables tiene que haber un montón de experiencias olvidables.  Aquí utiliza una fórmula que es la del 99,95% de cosas olvidables permiten que te quede un 0.05% de cosas memorables. Siguen dos páginas de ejemplos de experiencias nada memorables pero suficientes,  hace una especial mención del “Joe´s” un dinner de Jacksonville donde durante tres años consecutivos tomo su café matinal sin tener que decir nunca nada más que “coffee” y “please”.

Después la emprende con los parques de atracciones y su falsa “memorabilidad” y hace una predicción sobre una atracción que matará a uno de cada 50.000 clientes, asegurando que sería un gran éxito.

El resto del capítulo habla de dos experiencias que a su juicio son memorables. La primera es una conversación entrecortada por vómitos y silencios con Dolly Parton en un tugurio de Texas y que se convierte en memorable cuando descubre que la que creía Dolly Parton es una doble transexual. El incidente lo cuenta cronológicamente y si no fuera tan patético sería divertido. La segunda experiencia tiene que ver con el nacimiento de un pequeño ternero en el rancho de su abuelo, la emoción del momento, la ternura, los primeros pasos titubeantes, los grandes ojos del ternerillo, la conexión casi cósmica y lo estupendo que quedo guisado al cumplir un mes en la fiesta del noventa cumpleaños de su abuela.  La frase final es algo así como que todo chaval debería pasar por la experiencia de comer un animal que ha visto nacer.

El siguiente capítulo va sobre diversas maneras de marcar el ganado y me he perdido a la mitad.

Cuando pueda seguiré con la parte final.

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