El síndrome del consultor

El síndrome del consultor

Una historia de dudas en dos partes

Barcelona, principios de octubre…

-Llevo unos días en los que además de mis tareas diarias estoy intentando mejorar la formación que doy sobre liderazgo. No es una tarea urgente, pero si importante para mantenerme al día. Mi problema es que a medida que visito blogs, leo artículos, veo videos, repaso presentaciones… menos cosas encuentro que me puedan interesar. De  repente me doy cuenta que estoy sufriendo una “infoxicación”. Son muchos años relacionado con estos temas, muchas horas impartidas y quizás ¿demasiados? libros leídos, todo empieza a sonarme hueco y algunos conceptos, por repetidos, aparecen ante mí con una fina lámina de “sobado” por encima. Pienso si a los obispos les pasa lo mismo cuando alcanzan una edad avanzada. Imagino al Papa en Roma, mirando el atardecer y una duda cruzando su cerebro… Me consuelo pensando que una cosa así es mucho peor que lo mío.

Madrid, finales de Octubre

-Acabo de impartir cuatro sesiones de formación en una importante institución, los temas principales, los habituales: liderazgo, motivación, comunicación, trabajo en equipo, etc. Al final de la formación uno de los participantes más activos se me acerca para felicitarme y me recuerda que hace ya cinco años estuvo en una formación mía en el INAP. Me recuerda una de las historias que conté allí y el impacto que esa metáfora tuvo en su actuación a partir de ese momento. Otra participante se añade a la conversación y me da las gracias por haberle insuflado ánimos y ayudarle a valorar lo que hace. Ya en el Ave me da la impresión que he superado mi crisis de fe. Por la ventanilla se ve un hermoso atardecer.

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