Capacidad de arrastre

Capacidad de arrastre

El día que aprendí que tengo capacidad de arrastre

El curso era en un balneario, de hecho ese balneario era el lugar de celebración habitual de los cursos de ese cliente. Ese día mi único cometido era estar en la presentación y quedarme en la sala hasta el primer descanso, departir con los participantes e irme junto al director de recursos humanos de la entidad después de haber tomado un café y haber comentado las posibilidades de nuevos cursos.  De hecho había coincidido con este grupo de participantes el año anterior cuando hicieron la primera parte del curso, el de este año era la segunda parte de un total de tres inicialmente previstos.

La presentación del curso corría a cargo del director de recursos humanos, pero ese día me llamó para decirme que no podría venir por lo que me pedía que en su nombre hiciera los tres/cuatro minutos de presentación que yo ya había escuchado en parecidas ocasiones y le disculpara por no acudir.

Llegó la hora del curso y la gente estaba fuera, algunos fumando y otros simplemente charlando. El jardín era agradable y el día fresco pero soleado, hice un recuento somero del número de personas que había y fui a por ellos con total convencimiento.

“Venga… vamos… todo el mundo adentro que vamos a empezar”

Cuando estuvieron acomodados comprobé con extrañeza que había dos personas más de las inicialmente previstas, habitualmente en la empresa hacíamos un manual más de los previstos por si acaso, pero dos personas- me dije- que raro y además nadie nos había dicho nada de que se hubieran incorporado nuevos participantes a ese grupo. Además los dos participante nuevos eran bastante maduros, aunque este era un detalle que teniendo en cuenta el perfil general (media de edad por encima de los 50 largos) podía ser perfectamente factible.

Les dije que tendrían que compartir un manual y que pronto dispondríamos de otro y anuncie que el Director de recursos humanos me había delegado recordarles la importancia de la formación, la apuesta que hacia la empresa por ellos y…de la presentación oficial enlace con la del propio curso como continuación, hice un par de bromitas que enlazaban con los principales temas que habían tratado en la sesión anterior y un comentario sobre lo dura que iba a ser la sesión de ese día mientras de reojo miraba como reaccionaban los dos nuevos participantes, que a medida que hablaba ponían cara de no entender nada, así que me dirigí a ellos y les dije que estuvieran tranquilos, qué seguro que a medida que avanzara el día seguro que cogían el ritmo y que dirigir personas siempre es una tarea complicada y estaba llegando al punto de pedirles que se presentaran cuando el hombre saco un papel doblado de su bolsillo y mostrándomelo me dijo: “¿Esto que está usted diciendo tiene algo que ver con esto?.

Lo que sostenía entre sus dedos era un folleto de promoción de unos sillones ergonómicos; “venga a un mundo de relajación y comodidad, le esperamos en…”. Lo que estaba leyendo era una invitación a una  promoción en que recibirían un pequeño obsequio a cambio de que les intentaran vender el mejor sillón anatómico del mercado.

En mi entusiasmo había enrolado en el curso a dos jubilados que pretendían acudir a una reunión posterior en otra sala del balneario que se celebraba al cabo de media hora. Naturalmente se fueron no sin antes preguntar si nosotros también dábamos algo. Les regale dos bolígrafos y se fueron muy contentos.

Fin.

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