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Joan Plans Storytelling
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Liderazgo Pornográfico (2)

Contrapuesto al liderazgo pornográfico suelo plantear un liderazgo de cada día. Lo habitual es que de común acuerdo con los participantes lleguemos a una serie de conclusiones. La básica es que un liderazgo de diario debería dejar  las personas mejor de como las encontramos. Este es un tipo de liderazgo que utiliza herramientas de baja intensidad, de uso diario y constante para influir positivamente en el desarrollo de sus colaboradores.

Se trata de transmitir la idea de que el liderazgo es una actitud no una posición. Una actitud que funciona por contagio, por exposición, por el ejemplo. (continuará)

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Lo confieso. Muchas veces utilizo ejemplos pornográficos de liderazgo.

La verdad es que es  más fácil. Excitan la imaginación y  estoy seguro que en algunas ocasiones incluso algunos participantes se aventuran en casa a probar lo que les han contado. Cuando hablo de liderazgo pornográfico quiero aclarar que hablo de gente como Mandela, como  Shackleton, como Martin Luther King, o Steve Jobs, etc. Todos ellos lideres con diferentes “especialidades” y “atributos”. Y la verdad es que los utilizo de ejemplo delante de personas que dirigen a ocho, quince, veinticinco, cien personas, y les pongo ejemplo de personas que movieron masas, naciones o que sobrevivieron en circunstancias extremas y a veces creo que no lo estoy haciendo bien.

Primero está la cuestión del tamaño. El tamaño del liderazgo que se muestra en los ejemplos no es comparable a los liderazgos del día a día que ejercen los hombres y mujeres que tengo en mis cursos. En el curso se desarrolla ante los ojos de los que participan unos liderazgos descomunales y después vuelven a sus organizaciones inspirados y excitados pero conscientes del tamaño de su liderazgo. Después está la cuestión de la resistencia. Los liderazgos pornográficos que utilizo de ejemplo se caracterizan por una resistencia sobrehumana, algunas de sus hazañas parecen más efectos especiales que cosas reales. Mandela, mantuvo su entereza encerrado en una celda diminuta durante la mayor parte de los 27 años que estuvo preso, Shackleton habló y animó a sus 27 hombres durante los dos años y medio que duró su epopeya, Martin Luther King hablo ante cientos de miles y en lugar de decir “Yo tengo miedo” que es lo que haríamos la mayoría ante un desafío de esas proporciones, les dijo “Yo tengo un sueño”  y así con más ejemplos.

Así que con el tiempo voy modelando lo que hacemos en los talleres y cursos para que esté más pegado a la realidad de los que participan en ellos. Cada vez trabajamos más con un liderazgo de cada día en que resolvemos el siguiente paso y planteamos el siguiente con el objetivo de ser cada día un poco mejores y por lo menos ser suficientemente buenos.

Pero lo confieso, de vez en cuando vuelvo al liderazgo pornográfico, pero sólo para inspirarme. (continuará)

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Diciembre transcurrio muy rápido. Primero trabajo y luego obligaciones familiars… Enero también ha empezado muy rápido y así a lo tonto tenía el blog tan abandonado que he encontrado moho en los bordes al entrar. Una vez limpio hago esta entrada y lo dejo como nuevo.

Ah, y como es el primer post de este año… pues feliz año.

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 Pelicula de Terror (tópico 1)

Noche, lluvia, relámpago, casa, puerta, chirrido, sombra, grito, no es nada, ja, otra sombra, ja, esta vez hacha, cabeza, chorro sangre. Fin

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Una historia de dudas en dos partes

Barcelona, principios de octubre…

-Llevo unos días en los que además de mis tareas diarias estoy intentando mejorar la formación que doy sobre liderazgo. No es una tarea urgente, pero si importante para mantenerme al día. Mi problema es que a medida que visito blogs, leo artículos, veo videos, repaso presentaciones… menos cosas encuentro que me puedan interesar. De  repente me doy cuenta que estoy sufriendo una “infoxicación”. Son muchos años relacionado con estos temas, muchas horas impartidas y quizás ¿demasiados? libros leídos, todo empieza a sonarme hueco y algunos conceptos, por repetidos, aparecen ante mí con una fina lámina de “sobado” por encima. Pienso si a los obispos les pasa lo mismo cuando alcanzan una edad avanzada. Imagino al Papa en Roma, mirando el atardecer y una duda cruzando su cerebro… Me consuelo pensando que una cosa así es mucho peor que lo mío.

Madrid, finales de Octubre

-Acabo de impartir cuatro sesiones de formación en una importante institución, los temas principales, los habituales: liderazgo, motivación, comunicación, trabajo en equipo, etc. Al final de la formación uno de los participantes más activos se me acerca para felicitarme y me recuerda que hace ya cinco años estuvo en una formación mía en el INAP. Me recuerda una de las historias que conté allí y el impacto que esa metáfora tuvo en su actuación a partir de ese momento. Otra participante se añade a la conversación y me da las gracias por haberle insuflado ánimos y ayudarle a valorar lo que hace. Ya en el Ave me da la impresión que he superado mi crisis de fe. Por la ventanilla se ve un hermoso atardecer.

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Dios

Una hormiga se detiene y parece que te mira. Tú la aplastas. Te levantas y decides que ningún hombre puede entender a Dios, por eso agachas la cabeza y sigues tu camino.

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Curioso este tiempo que no ha tocado vivir. De hecho vivimos unos tiempos en los que fue más fácil triunfar en el pasado que sobrevivir en el presente.

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El día que aprendí que tengo capacidad de arrastre

El curso era en un balneario, de hecho ese balneario era el lugar de celebración habitual de los cursos de ese cliente. Ese día mi único cometido era estar en la presentación y quedarme en la sala hasta el primer descanso, departir con los participantes e irme junto al director de recursos humanos de la entidad después de haber tomado un café y haber comentado las posibilidades de nuevos cursos.  De hecho había coincidido con este grupo de participantes el año anterior cuando hicieron la primera parte del curso, el de este año era la segunda parte de un total de tres inicialmente previstos.

La presentación del curso corría a cargo del director de recursos humanos, pero ese día me llamó para decirme que no podría venir por lo que me pedía que en su nombre hiciera los tres/cuatro minutos de presentación que yo ya había escuchado en parecidas ocasiones y le disculpara por no acudir.

Llegó la hora del curso y la gente estaba fuera, algunos fumando y otros simplemente charlando. El jardín era agradable y el día fresco pero soleado, hice un recuento somero del número de personas que había y fui a por ellos con total convencimiento.

“Venga… vamos… todo el mundo adentro que vamos a empezar”

Cuando estuvieron acomodados comprobé con extrañeza que había dos personas más de las inicialmente previstas, habitualmente en la empresa hacíamos un manual más de los previstos por si acaso, pero dos personas- me dije- que raro y además nadie nos había dicho nada de que se hubieran incorporado nuevos participantes a ese grupo. Además los dos participante nuevos eran bastante maduros, aunque este era un detalle que teniendo en cuenta el perfil general (media de edad por encima de los 50 largos) podía ser perfectamente factible.

Les dije que tendrían que compartir un manual y que pronto dispondríamos de otro y anuncie que el Director de recursos humanos me había delegado recordarles la importancia de la formación, la apuesta que hacia la empresa por ellos y…de la presentación oficial enlace con la del propio curso como continuación, hice un par de bromitas que enlazaban con los principales temas que habían tratado en la sesión anterior y un comentario sobre lo dura que iba a ser la sesión de ese día mientras de reojo miraba como reaccionaban los dos nuevos participantes, que a medida que hablaba ponían cara de no entender nada, así que me dirigí a ellos y les dije que estuvieran tranquilos, qué seguro que a medida que avanzara el día seguro que cogían el ritmo y que dirigir personas siempre es una tarea complicada y estaba llegando al punto de pedirles que se presentaran cuando el hombre saco un papel doblado de su bolsillo y mostrándomelo me dijo: “¿Esto que está usted diciendo tiene algo que ver con esto?.

Lo que sostenía entre sus dedos era un folleto de promoción de unos sillones ergonómicos; “venga a un mundo de relajación y comodidad, le esperamos en…”. Lo que estaba leyendo era una invitación a una  promoción en que recibirían un pequeño obsequio a cambio de que les intentaran vender el mejor sillón anatómico del mercado.

En mi entusiasmo había enrolado en el curso a dos jubilados que pretendían acudir a una reunión posterior en otra sala del balneario que se celebraba al cabo de media hora. Naturalmente se fueron no sin antes preguntar si nosotros también dábamos algo. Les regale dos bolígrafos y se fueron muy contentos.

Fin.

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