Autoconfianza

Autoconfianza

Advertencia: Este es un texto robado pero no me acuerdo de donde, así que si alguien localiza su origen, por favor que me lo comunique y con mucho gusto citaré la fuente. Dicho esto abordemos el meollo del post.

 

Este post está pensado para complementar de manera literaria-simbólica las reflexiones sobre el “autoconfianza/optimismo/” que a menudo incluyo en las formaciones que imparto.

 

La capacidad para comprender diferentes puntos de vista y enfoques sobre la realidad es una herramienta fundamental para el autodesarrollo y el crecimiento personal y el cuento que sigue a continuación es una buena metáfora de ello. También se pueden encontrar ecos del concepto de “empatía”.

 

Si han llegado aquí desde alguno de mis cursos sean bienvenidos a un input sobre el punto de vista, y si han llegado por casualidad, a lo mejor es el destino que le ha traído hasta aquí por alguna razón.

 

EL DESTINO

 

El general Nobunaga está preocupado. Sus enemigos son diez veces más numerosos que su ejército. Tienen diez veces más caballos, carros y elefantes de guerra. Sus soldados, a pesar de su bravura, no podrán rivalizar con un adversario tan temible. ¿Qué hacer? Decide hablar a sus tropas:

-Soldados, y vosotros, nobles samuráis, la suerte de nuestro amado país está en manos de los dioses. Ellos son quienes hacen inclinar la balanza del lado de la derrota o de la victoria, sea cual sea el número de combatientes. Voy a entrar solo en el templo para interrogarles.

El general penetra en el templo y hace una plegaria silenciosa: Sale con una grave expresión en el rostro.

-¿Qué han dicho los dioses? –preguntan los soldados.

-Tengo que lanzar una moneda al aire. Si sale cara, seremos vencedores; si sale cruz, seremos vencidos.

Después de recogerse un instante, el general Nobunaga saca lentamente una moneda de oro de debajo de su coraza, La lanza al aire. Su sirviente se precipita, mira y vuelve hacia la multitud un rostro radiante:

-¡Es cara!

Los soldados lucharon como leones y consiguieron la victoria.

 

Por la noche, mientras deshacía la coraza de cuatro faldones, el sirviente dijo al general:

-Excelencia, éramos inferiores en número y hemos ganado. Esto demuestra  que nada puede contrariar al destino ni oponerse a la voluntad de los dioses.

Entonces el general sacó la moneda de oro de su bolsillo. La levantó a la luz. Por los dos lados era cara.

 

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